Affichage des articles dont le libellé est SERIE: IDENTIDADES/MITOLOGÍA ECUATORIAL. Afficher tous les articles
Affichage des articles dont le libellé est SERIE: IDENTIDADES/MITOLOGÍA ECUATORIAL. Afficher tous les articles

samedi 29 décembre 2007

IDENTIDAD ANDINA



FELIZ AÑO 2008





LES DESEA K-OZ Editorial
ACTIVANDO LA PALABRA
DE IRREVERENTE IDENTIDAD
desde las Tierras del Centro
Quito, 31 de diciembre 2007




IDENTIDAD Y CUESTIÓN INDÍGENA








Por Pablo Yépez Maldonado*


“Dicen que hemos faltado a nuestra cita con la historia, y hay que reconocer que nosotros llegamos tarde a todas las citas.

Tampoco hemos podido tomar el poder, y la verdad es que siempre nos perdemos por el camino o nos equivocamos de dirección, y después nos echamos un largo discurso sobre el tema.

Los latinoamericanos tenemos una jodida fama de charlatanes, vagabundos, buscabroncas, calentones y fiesteros, que por algo será.

Nos han enseñado que, por la ley del mercado, lo que no tiene precio no tiene valor, y sabemos que nuestra cotización no es muy alta. Sin embargo, nuestro fino olfato para los negocios nos hace pagar por todo lo que vendemos y nos permite comprar todos los espejos que
nos traiciona la cara.

Llevamos quinientos años aprendiendo a odiarnos entre nosotros y a trabajar con alma y vida por nuestra perdición, y en eso estamos; pero todavía no hemos podido corregir nuestra porfiada costumbre de abrazos, nuestra manía de andar despiertos y chocándonos con todo y cierta tendencia a la resurrección inexplicable”.

Eduardo Galeano
Úselo y tírelo


Después de quinientos años los elementos de la Historia se repiten; el mismo Dios que acompañó a los españoles en la conquista de América, ahora debidamente acuñado en papeles verdes, y las mismas y desgastadas palabras para tratar de imponer el discurso de la “modernidad” y el “progreso”, el “desarrollo” y el “futuro”. Es patético (por decir lo menos pues en realidad es indignante), escuchar al sociólogo avergonzado de “las costumbres de los ecuatorianos”, hablar de los "beneficios que ha traído la democracia para el sector indígena"[i], pues desde la lógica de las elites y de sus “recaderos” es suficiente, basta y sobra el que se haya extendido las redes de fluido eléctrico o los canales de riego; ¿qué más necesitan los indígenas (eufemismo de indios) para vivir al interior de la modernidad; de qué se quejan?

Más allá de las expresiones de los sectores dominantes y de su desconcierto; el "movimiento indígena" constituye la irrupción de aquellos sectores "inviables" en el concierto de la historia de fin de siglo; aquella dicotomía entre "el Norte, donde reinan el instrumentalismo y el poder, y el Sur, que se cierra en la angustia de su identidad perdida", según Alain Touraine, no está debidamente delimitada y, precisamente, es en "los límites de un discurso -de qué se habla- (lo que) convierten a éste en un discurso sobre límites -cómo debe hablarse y hasta dónde-".

La emergencia de nuevos movimientos y sectores sociales se la puede ubicar a fines de la década de los 80 y a comienzos de la de los 90. De estos grupos de la “sociedad civil”, se destacan: el movimiento de mujeres con la incorporación de varios puntos reglamentados en la Ley para su participación política –que luego de incorporados se diluyeron por la poca aceptación hacia el movimiento en su intento de participar políticamente de manera independiente-, el de los niños que logró el reconocimiento de su calidad de ciudadanos y la incorporación de su nuevo estatuto en la Constitución Política del Estado establecida en 1998; el movimiento Gay que logró la despenalización de su condición de las leyes del Ecuador, pues el simple hecho constituía un delito susceptible de ser reprimido con prisión; y, el más importante, el movimiento indígena que logró interpelar al Estado nacional en su papel excluyente, discriminatorio e inequitativo, durante toda la década de los 90 antes de la llegada de los llamados “movimientos ciudadanos”.

Supay o diablejo andino en las fiestas de Pujilí


Luego, los acontecimientos de enero del 2.000 -tres ceros como constatación de que todo era posible-; constituyeron el resquebrajamiento de la imagen del poder en lo simbólico con la presencia inconsulta de otros signos y de otros presagios. Fue un anuncio de la necesidad de re interpretar a la Historia,[ii] tratar de leer aquellos arcanos de los que están construidos los clímax de todo movimiento; un indio en el Palacio de Gobierno desestructuró la lejanía del poder, la inaccesibilidad, la distancia; permitió consolidar, en el imaginario indígena y popular, que el ejercicio del gobierno sí era posible, confirmando toda aquella práctica y conocimiento adquiridos en los espacios del poder local hacia el "buen gobierno" y dejando, seriamente resentido, el referente real construido con violencia y exclusión por los sectores dominantes de lo que es: poder y gobernar.

Si existe una disociación entre la imagen psíquica (representación o significado) y el referente real es que está en proceso de construcción o deconstrucción -precisamente ese espacio reservado antaño a los elegidos, a los “patriotas”, a aquellos que construyeron este país sobre las manos, los huesos, la rabia y el trabajo de los indios- otra concepción de poder y de gobierno compuesta de ingredientes reales e imaginarios a contrapelo de los discursos de los intelectuales de las “señas particulares” y “de las siete armonías” -convertidos a la vez en "consejeros del Príncipe modernizador y (en) defensores del pueblo oprimido"
[iii]- que no logran comprender una dinámica que fluye por fuera de la racionalidad occidental, discurso -apropiado pero ajeno- de la razón, de la racionalidad, de la funcionalidad, de la subordinación, del “orden” y la “cordura”. Había que meter, a como dé lugar, la realidad en el saco de las teorías de occidente.

Aquel levantamiento indígena, finalizó con la revisión de algunas medidas económicas y el cambio de tono del régimen, de imperativo a conciliador, confirmó que la construcción de la identidad era posible únicamente desde la irrupción, desde la ruptura; demostración que había conllevado quinientos años y más. A pesar de las “bondades de la democracia” y de los esfuerzos estatales para "integrar" al desarrollo al sector indígena; no había sido posible impedir su irrupción en el escenario de la democracia –no en los términos elaborados por los tecnócratas de los años 70, sino en las condiciones que los indígenas deseaban para modificar el todo vital, más allá de las conquistas coyunturales obtenidas.



Fiestas del Solsticio de Junio Inti Raymi, imagen Pablo Corral

Las innumerables rebeliones del pueblo indígena durante cinco siglos[iv] fueron una expresión concreta de creación colectiva de su visión del porvenir en su enfrentamiento permanente con aquellas fuerzas que actuaban en su contra ¿Qué se escondía detrás del nuevo escenario, qué fórmula secreta se manejaba debajo de los ponchos para que pudieran doblegar la soberbia de los gobernantes de turno; qué ilusión galvanizada por el aire de los páramos permitía la destrucción de los límites del discurso oficial, de la academia y de los medios de comunicación? ¿Estaba el código andino más allá del marco jurídico heredado de las polis griegas y romanas?[v]

Las diversas explicaciones de aquella época se han limitado a describir las maniobras coyunturales usadas para reflotar a una parte de la dirigencia y sus tácticas para lograr la participación de los otros sectores de indígenas o, por otro lado, los errores cometidos por el gobierno de turno. Más allá de estos análisis, que trataban de mirar al movimiento desde las conocidas maniobras para obtener ciertas reivindicaciones, es necesario mirar a la distancia todo el proceso como un ejercicio condensado de construcción de identidades (y de diferenciación). Es cierto que las condiciones económicas constituyeron el detonante, es también evidente que el atraco cínico a los dineros del Estado y de la ciudadanía en @os@general convocaron a la acción y a la lucha; pero no fueron suficientes elementos para explicar, por sí mismos, la movilización creciente y el poder de convocatoria demostrado por el movimiento indígena a lo largo de los años 90.

La crueldad del poder ejercido sobre su humanidad (desde que se les concedió el privilegio de “contar con alma”), la discriminación permanente por parte de todos los sectores sociales (sin excepción alguna), la exclusión, el tutelaje, la aparición espontánea de voceros bienintencionados para “darles expresando” sus propuestas; inclusive el aprovechamiento de "su condición” con “finalidades estéticas y/o exóticas”; en fin, una larga cadena de actores que representaban al “movimiento indígena” y le impedían auto representarse.

A pesar de verse obligados, desde la invasión de los españoles a América, los indios -y los negros- a “la imitación, a la simulación de lo ajeno y a la vergüenza de lo propio (...) nadie pudo evitar que ellos aprendieran pronto a subvertir todo aquello que tenían que imitar, simular o venerar”
[vi].

En el caso ecuatoriano, como en el andino en general, no existe desacuerdo sobre cuál de todos los sectores sociales careció de poder; cuál de aquellos no pudo construir su propio discurso como sujeto pero estuvo presente en todos los predicados; y, a pesar de lo anterior y de manera paradójica, es el movimiento indígena quien, al cuestionar todo, poner en evidencia la irracionalidad del sistema y, fundamentalmente, trastocar el sentido de lo establecido, de demostrar “ el poder de lo irreverente” que reclamaba el poeta tzántzico Rafael Larrea Insuasti; demuestra que es posible (están salvados aquí los “desencantados” y “desencontrados” de toda laya) construir formas de vida alternativas, concepciones distintas de poder y de gobierno.





Fiestas del Pawcar Raymi en las comunas de Imbabura


Sin caer en la apología de la vida comunitaria andina, es posible rescatar aquella "macro física" del poder que restituye las escalas y da mayor importancia a la relación cósmica que a la ganancia, a pesar de todos los discursos "globalitarios" que persisten en su afán de mirar a la humanidad escindida de la (y de su) naturaleza. Se insinúa tenuemente que es factible la de construcción de la sociedad intercultural, no por el sendero de la represión y negación, sino por medio del placer y del redescubrimiento.

Paradójicamente, cuando la “postmodernidad” hace tiempo que ya estaba en entredicho y, en especial, al Sur se lo percibe como nostálgico "de su identidad perdida”
[vii] salta la liebre donde menos se espera: quienes no tenían nada qué decir,[viii] en un escenario dispuesto para dar el gran paso hacia la globalización, de pronto lo cuestionan todo y obligan a discutir conceptos tan digeridos como democracia, consenso, minorías, mayorías, exclusión, participación y, fundamentalmente y a pesar de que no se lo exprese en voz alta, poder.

Entonces el eje central de preocupación, que subyace en todos los análisis de la época, se desplaza a una sola cuestión: ¿cómo es posible que los indígenas, cuya conducta; forjada mediante el funcionamiento de un poder que castiga, vigila, moldea y corrige; pueda revertirse, quiebre "la maldición del predicado" y arribe a la autodeterminación? Aquella interrogante planteada por Foucault tal vez esté a punto de ser contestada.

El movimiento indígena logra descolocar el discurso, cuestiona su construcción, sus constructores y sus límites; desmonta aquel sutil proceso de recuperación de Shakespeare, por ser quien mejor expresa la duda entre “Ser y/o Parecer”, es decir expresar en toda su potencialidad la naturaleza humana -con sus distintos niveles de espiritualidad y “animalidad”, es decir asumir aquella razón objetiva que le deja inerme ante la realidad aplastante; además, y como si fuera poco, el movimiento indígena desarma el discurso de relojería de las clases delimitadas de manera casi matemática, portadoras de su propia ideología lo que les impide construir una visión general de mundo. Entonces, es el momento de preguntarnos ¿cuál es la esencia que provocó esa catástrofe; cuál es la perversidad de aquellos excluidos que dejaron fuera de juego a los constructores de sentido en el ámbito del poder, de la filosofía, de las leyes y de la economía?

"El tiempo extraordinario ya sea como el tiempo de la catástrofe o de la plenitud, es el tiempo en que la identidad o la existencia misma de una comunidad entra en cuestión; es el tiempo de la posibilidad efectiva del aniquilamiento, de la destrucción de la identidad del grupo o es también el tiempo de la plenitud, es decir, el tiempo de la realización paradisíaca, en el que las metas y los ideales de la comunidad pueden cumplirse."
[ix]

Más allá de todos los indicadores socioeconómicos subyace una voluntad de ser, de apropiarse de sí mismos y de su destino. Expoliados y conducidos, bautizados y condenados; quinientos años en una permanente disputa por espacios pequeños para mimetizarse con la esperanza de no ser descubiertos o delatados; construcción permanente de recuperación y acopio, de conocimiento y repliegue para arribar a inicios del milenio con vocación de poder que va más allá del reconocimiento de su “nacionalidad” (y de autonomía, iniciativa expropiada por los sectores oligárquicos), de su diversidad cultural.

Es el momento de proponer un cambio; de manera radical (y, a su manera, exclusiva), transformar la visión lineal marcada por la racionalidad occidental hacia una “cosmovisión” que permita incluir los postulados ancestrales como principios fundamentales para garantizar la vida lejos de una concepción antropo-centrista sino cósmica y mágica; con lo cual se cerraría el círculo entre los pueblos que están fuera del proyecto histórico de occidente y que constituyen las tres cuartas partes de la humanidad.

Es el momento idóneo para romper y sorprender, para contribuir con nuevas dimensiones de lo social, lo humano y lo cósmico; momentos críticos en los cuales se pone en juego aquello que es tan preciado para el pensamiento racional: la vida, pero concentrada en el cuerpo, el nuevo templo del individualismo; en cambio, los pueblos indígenas, en esa permanente y nunca ajena relación con la muerte entienden a la vida como un constante fluir de energía que alimenta a ese "punto azul pálido" que viaja por el espacio por algunos miles de millones de años ya.

Ruptura total con los viejos paradigmas; de qué desarrollo podemos hablar si estamos “fuera de la Historia”; qué sentido tiene mejorar la calidad de vida de acuerdo a los parámetros occidentales si “esa forma de vida" es la que nos impele a devorar nuestros recursos o a devastar la naturaleza; de qué democracia hablamos si gobiernan ochenta transnacionales el planeta; con qué libertad estábamos soñando si no podíamos satisfacer nuestras necesidades básicas.

Y existe más, dónde quedaban (¿quedamos?) los influyentes y omnisapientes intelectuales, portadores y reproductores del saber, formados bajo la égida del pensamiento racionalista y clasificador si "hay realidades simbólicas y concretas a un tiempo solo accesibles al músico, al poeta (agregamos, de parte de Foucault, los locos, los niños, los escolares y los colonizados), y por tanto, verdaderas, con otra verdad distinta a la de la experiencia o a la de los conceptos...

Por ejemplo, el sol es un símbolo, y más que un símbolo: cuerpo glorioso, descubre el mundo, enuncia el cosmos, los centros de energía y los focos de calor, los ciclos y los retornos, las desapariciones trágicas y las resurrecciones... El sol posee una existencia triple: empírica (objeto de ciencia); social (regulador del tiempo y del espacio), y, por último, poética (simbólico y mítico)".
[x]

Es decir, desde la región andina se devuelve la racionalidad (si cabe hablar de racionalidad) a lo “espiritual pues” deja al descubierto la funcionalidad de las religiones de occidente como copartícipes del poder y no de la vida; el sol, además de objeto de estudio y organizador del tiempo es el símbolo de la vida (al igual que las montañas, el agua, los árboles), concepción que tiene más sentido que todas las elaboraciones de occidente juntas.

Los últimos cinco siglos nos hemos pasado tratando de develar todo sentido, de despojar de aquellos contenidos ideológicos -rémora de pasados religiosos- a nuestra relación con la naturaleza; la racionalidad occidental ha llenado el horizonte de supuestas verdades, o verdades aceptadas casi como axiomas: "Pienso luego existo, !No¡ Cuando pienso no existo, y si pienso no existo: busco el ser. El 'sujeto' pensante se descubre 'sujeto' discurriente, buscante, sufriente: sujeto del no-ser"
[xi]; la racionalidad instrumental llevada al máximo; es preciso negar la subjetividad para poder actuar de manera eficaz y con posibilidades de sobrevivir en un mundo altamente competitivo; la sociedad llevada al borde del paroxismo y la demencia.

“...en mirarse con los ojos del conquistador, está el pecado mortal de América, la causa de las distorsiones que durante tanto tiempo le cerraron el camino a la plenitud. [...] América no ha hecho aún su propia historia, sino que ha pretendido vivir la historia de la cultura europea, o sea, como su eco y su sombra”
[xii]; es la incapacidad de vernos y reconocernos en toda nuestra riqueza y diversidad lo que nos ha impedido llegar a ser, casi siempre hemos pretendido parecer.[xiii] Esta incapacidad para reconocernos, para vernos cómo somos y dejar de reproducir modelos nos limita a seguir debatiendo una identidad[xiv] nunca terminada. Pero tal vez...


Notas:


1 Cristóbal de Mena citado por Fernando Mires en El discurso de la indianidad. Edit. Abya-yala.
2 Declaraciones de Osvaldo Hurtado, pues a él nos referimos si alguien duda, por las “sucias costumbres de los ecuatorianos”..
3 La definición, delimitación y las interrogantes sobre "lo indígena", están expuestas en El discurso de la indianidad de Fernando Mires. Edit. Abya-yala.
4 “En los albores del siglo XVI no había en Europa ciudad más grande y hermosa que Tenochtitlán (que surgía del lago como una fábula de Amadís, al decir de Bernal Diaz), ni templo mayor que la pirámide del Sol de Teotihuacán. La pirámide de Cholula, ya destruida, era más grande que la de Cheops. Copán era una ciudad universitaria. Al construirse la Catedral de México, una de las seis más importantes del mundo cristiano y la primera de América, su base apenas cubría una parte del área ocupada por la pirámide que existía a la llegada de Cortés. También el Cuzco era superior a cualquier ciudad española, y había en ese imperio puentes colgantes de hasta 135 metros. La civilización Maya cubre 2.700 años de historia, a partir del año 1000 antes de Cristo, tenía el cero, y un calendario de 365 días, más exacto que el gregoriano de 1582. Pero los códices, quipus, pictografías y obras de arte fueron echados al fuego, y con ellos, la historia: había que suprimir los testimonios de ese escándalo.” Adolfo Colombres. La colonización
5 Touraine, Alain. Crítica de la modernidad. Temas de hoy. Ensayo.
6 Antes, la historia de esos pueblos eran muchas historias. Después de la "conquista" comienza la historia de esa creación europea que es "el indio". Mires, Fernando. El discurso de la indianidad.
7 “El código andino quichua gira en torno a seis valores básicos. Los tres primeros AMA QUILLA (no haraganear), AMA LLULLA (no mentir) y el AMA SHUA (no robar); en tanto que los otros tres valores son amor por la tierra, reciprocidad y presencia de lo sagrado” Rosero, Fernando. Levantamiento indígena: tierra y precios. CEDIS. 1990
8 Quijano, Aníbal. Colonialidad del poder, cultura y conocimiento en América Latina. En: Ecuador debate. Rev. No. 44
9 Touraine, Alain. Crítica de la modernidad. Temas de hoy. Ensayo.
10 Schmidt, Wolfgang “Mientras Europa y Estados Unidos se han enclaustrado en el relativismo desencantador del ‘postmodernismo’, América Latina no tiene nada que decir. Los discursos de los 60 y 70 se quebraron frente a la revolución informática y al ‘boom’ económico de los centros de acumulación”. En los límites de la modernidad. En: Debates sobre Modernidad y postmodernidad. Nariz del Diablo. 1991
11 Echeverría, Bolívar. Ceremonia festiva y drama escénico. Ponencia del autor en la mesa redonda "el arte y la vida cotidiana" efectuada en la UNAM el 27 de noviembre de 1992.
12 Lefebre, Henry. Hegel, Marx, Nietzsche.
13 Ibid.
14 Colombres La colonización.
15 Esta miopía tiene partida de nacimiento doble; la intelectualidad de Europa nunca pudo entender este mundo: para “Voltaire, América estaba habitada por indios perezosos y estúpidos, tenía cerdos con el ombligo a la espalda y leones calvos y cobardes; Bacon, Montesquie, Hume y Bodin se negaron a reconocer como semejantes a los hombres degradados del nuevo mundo. Hegel habló de la impotencia física y espiritual de América y dijo que los indígenas habían perdido al soplo de la Europa.”: Eduardo Galeano. Las venas abiertas de América latina.

Pablo Yepez Maldonado

*Sociólogo, poeta y “loco”, miembro del colectivo K-Oz.
Su novela “La alcoba de los patojos” habla de manera desencarnada e irónica de aquella época vital: la de los 80s, indispensable para comprender el país actual:
aquel de los movimientos sociales ciudadanos.
Este texto hace parte de un próximo libro colectivo próximo a aparecer con K-Oz, sobre el polémico tema de las identidades ecuatoriales.


lundi 24 décembre 2007

SERIE IDENTIDAD ECUATORIAL



A PROPÓSITO DEL 2008...


ALGUNAS PALABRAS SOBRE LA CONSTRUCCIÓN

DE LA “SOCIEDAD DE BUEN VIVIR”

Por Alfredo Pérez Bermùdez*


!Hey! Usted también tiene que ver con este tema...**


La construcción de la sociedad del conocimiento y la información basada en la revolución tecnológica ha ampliado los espacios del saber de forma inimaginable, donde empieza a ser real lo virtual. Asistimos a una profunda modificación de la visión global del mundo y hemos entrado por las puertas de nuevos paradigmas “civilizatorios”, donde se re actualiza la voz de lo antepasado, ofreciendo nuevas condiciones para pasar de la confrontación a la integración, del conflicto a la cooperación.

La voluntad de asumir dialógicamente el futuro constituye un reto y un desafío, un factor de vital importancia para la sobre vivencia de la población ecuatoriana, latinoamericana y mundial; ello significa saber vivir bien o vivir sabiamente para mantener el equilibrio que requiere no solo la sociedad humana sino, bajo el nuevo-viejo paradigma holístico, el mantener relaciones de equilibrio con los otros seres que habitan el entorno; relaciones que permitan la sanidad ambiental, social, emocional y espiritual de los pueblos en su todo complejo, pues, hasta ahora, la alteración y trasgresión de los códigos de relación entre el ser humano y los seres del universo, han provocado el estado de dolencia y morbilidad en que se encuentra el planeta y todo lo que lo habita.

Para los pueblos de América, la conquista, la colonización y la creación de las repúblicas, ha significado la pérdida violenta de territorios, culturas, lenguas, conocimientos, prácticas, espiritualidades, códigos de ética y moral, de trato con los mayores y de patrones alimentarios, es decir la ruptura del diálogo intergeneracional (familia), la destrucción de las relaciones sociales (comunidad) y la imposición de formas ajenas y destructivas de vida.


Fiestas cristianas de fin de mes, o culto a la mendicidad ?


Para la lógica occidental (positivista), el sujeto explica fragmentariamente la realidad, vista como objeto y la dota (construye) de sentido desde sus categorías científicas. Así, por ejemplo, desde la perspectiva del desarrollo (BID, BM), la “calidad de vida” ha estado marcada por los cálculos econométricos y las estadísticas, como únicas formas de identificar la realidad de un pueblo a fin de cubrir sus necesidades (infraestructurales), sin considerar los factores no cuantitativos vitales de los pueblos. Hasta ahora, estos cálculos econométricos y las estadísticas, han sido la única forma de identificar y “superar la pobreza”.

Recapacitar en torno a que el desplazamiento de los valores comunitarios, la desintegración de sus estructuras y la alienación del mundo espiritual han afectado el bienestar de las personas, más que la carencia de bienes físicos, es una tarea que debe ser propuesta para consensuar en que la lucha contra ella, la pobreza, es más que mejorar la base económica y el acceso a los servicios públicos y constituye un factor que puede definir la verdadera importancia de la identidad cultural, la interculturalidad, el “enraizamiento” físico, mental / espiritual de las personas y de los pueblos.

Sin embargo, las intenciones de superar el desprestigio de lo tradicional “occidental” y revalorar lo autóctono, marcan sus propios límites en cuanto a conceptualización y aplicabilidad, en sociedades cada vez más integradas a un mundo globalizado. Así, el desafío que tenemos es múltiple, partiendo de la necesidad de que hace falta conceptos epistemológicos con una gran capacidad integradora, un sacudón que nos dé la base paradigmática para comprender las distintas realidades de la sociedad.

Los ajustes funcionalistas que se han dado para canalizar el quehacer cultural han arrojado una serie de reformas y leyes, que antes que viabilizar, obstaculizan el paso de la democracia representativa a la democracia participativa-igualitaria-integradora y solo representan la discriminación generada desde la absorción marcada por la apertura de los mercados en el esquema neoliberal, que ha impulsado una nueva manera de relación y articulación entre los distintos procesos.

Desde el lado que está en etapa de plena visibilización, el de los pueblos originarios, la lógica es ciencia ecosistémica, donde el sujeto explica mediante integración entre iguales los elementos de la realidad tangible e intangible vista como sujeto. Así, el Buen Vivir o Vivir Bien (Sumak Kawsay en kitchwa) es la vida en armonía con el ayllu y el continuum de las relaciones sociales, comprende las constantes e indivisibles relaciones armoniosas entre la naturaleza y los entes protectores, donde el dominio del conocimiento de ese todo complejo se transmite de generación en generación.

En la construcción de la Sociedad de Buen Vivir, no se trata de discriminar una cultura altamente tecnológica, sino de remontar hegemonismos desde el replanteo de pensamientos filosóficos a la relativización horizontal cultural, que exige la pluri-modernidad, lo cual pasa por la reconstrucción de legitimidades entre los actores sociales, que otrora se consideraban antagónicos para superar rupturas en el “círculo de reproducción simbólica”.

Esta será una gran tarea a emprender por nuevos logros en la perspectiva constructiva de la sociedad del buen vivir y del buen ser, basados en una visión compartida de futuro, que más allá de lo estrictamente legal, comprenda la pluri y multiculturalidad como esencia de la afinidad y la convivencia que debemos construir para conducirnos por el “buen camino”.

Este no es una banca para el buen burgués,

es una banca en la plaza de San Francisco-Quito


Bajo este gran paraguas se encuentran en juego la democracia formal vigente, legitimada en las elecciones de noviembre del 2006, que dio el triunfo al actual Presidente Constitucional de la República, Ec. Rafael Correa Delgado, y la construcción de una nueva, asunto que se expresa claramente en el Plan Nacional de Desarrollo 2007 – 2007, expuesto a la ciudadanía por el actual gobierno, cuya hoja de ruta es la Revolución Ciudadana. Dicho plan “recupera –textual- una visión de desarrollo que privilegia la consecución del BUEN VIVIR, presuponiendo la ampliación de las libertades, oportunidades y potencialidades de los seres humanos, y el reconocimiento de unos y otros para alcanzar el PORVENIR COMPARTIDO”. El documento es explícito, cuando se refiere a la ruptura conceptual que contiene y que deriva en importantes propuestas para el futuro de la nación.

“Esta ruptura conceptual –la de construcción de la Sociedad del Buen Vivir- que proponemos –dice el documento en referencia- tiene orientaciones éticas y principios que marcan el camino hacia un cambio radical. Las orientaciones éticas se expresan en tres dimensiones: la justicia social y económica, la justicia democrática participativa (igualitaria e integradora, agregaría yo) y la justicia intergeneracional. A su vez, existen varios principios que sustentan esta ruptura hacia una sociedad justa, libre, democrática y sustentable…”, en la perspectiva del mejoramiento de la calidad de vida de quienes otrora fueron desplazados de las bondades de un territorio generoso en recursos naturales, humanos y culturales.

Finalmente, empezar a andar por el " buen camino" es empezar a construir la Sociedad del Buen Vivir, empezar a construir esta sociedad -más allá de las legítimas contradicciones que se puedan generar-, quiere decir, escalar las escabrosas cimas del conocimiento, de ahí que recomendemos o al menos sugiramos, a quienes aún se manejan las aguas de los viejos paradigmas, unas pocas lecturas que hemos podido apreciar, a fin de que asuman adhesiones y oposiciones, y que, bajo la legítima herramienta de la crítica, objetiven el papel que deben cumplir en esta luminosa hora que vive el Ecuador y América India.

Las lecturas sugeridas son: Aprender en la Sabiduría y el Buen Vivir (Universidad Intercultural Amawtay Wasi); Summa Qamaña, la Comprensión Indígena de la Buena Vida (GTZ, varios autores bolivianos); Qhapaq Nán: la Ruta Inka de la Sabiduría (Javier Lajo); Caminantes del Arco Iris, el Retorno del Inka´Ri (Atawallpa Makarios Oviedo); Ayni (Milla Villena); Filosofía Andina, Estudio Intercultural de la Sabiduría Autóctona Andina (Josef Estermann); Visión Cósmica de los Andes (Alberto Tatzo); Etnografía, Linguística e Historia Antigua de los Caras (de los esposos Costales). Y aunque parezca asombroso: La Conciencia Cuántica (Isauro Puente); La Sociedad Cuántica (Danah Zohar y Ian Marshall); El libro Negro de la Francmasonería (Serge Raynaud De La Ferriere).

Sol de identidad ecuatorial: Cultura La Tolita en el Pacùifico Norte


Estos pocos materiales bibliográficos –que son fuente del presente texto- y otros muy poco difundidos y por tanto casi desconocidos, pueden ayudarnos a concretar los esfuerzos por redescubrirnos y resignificar en el proceso de construcción de la Casa Común de los ecuatorianos. “Mostrar la visión cualitativa de la buena vida de la civilización occidental moderna, basada en la escisión sujeto / objeto y la visión amerindia basada en lo contrario: el “continuo biosférico”, todo esto es clave para el nuevo diseño de políticas públicas que pueden sacarnos de situaciones pretendidamente “tercer mundistas”, hacia un estilo de vida convivial y equilibrado, donde el factor cultura, es decir la variable cualitativa, cumpla el papel al que ha sido convocado en esta época de cambios y no de cambio de épocas.



*Alfredo Pérez Bermúdez. Es poeta, escritor y gestor cultural, miembro del colectivo K- Oz; funcionario del Ministerio de Cultura del Ecuador en el área de desarrollo cultural comunitario. Entre sus obras consta el ensayo poético “La posibilidad de soñar por escrito”, historia de los grupos y talleres literarios de Quito en los años 80, publicado por K-Oz Editorial en 2002.

**Imàgenes: Eduardo Valenzuela

dimanche 7 octobre 2007

ALÓ, ALÓ... DESDE LAS TIERRAS DEL KI


Cuentan que hace miles de años, después del diluvio universal que relatan los libros sagrados, una semilla de maíz pudo salvarse en la cima del Kápak Urku, -nombrado por los españoles: el Altar-, para germinar con el soplo divino y florecer en el triángulo energético formado por la Mama Tungurahua, el Taita Chimborazo y el Jatun Altar.

Entonces, el primer hombre rojo hecho de maíz y, la primera mujer hecha de quinua, empezaron a crecer y multiplicarse con los ciclos de la tierra, el aire, el fuego y el agua. La mujer sería lunar y sujeta a los vaivenes del lechoso satélite; el hombre en cambio solar, cargado de la fuerza del fuego, más siempre vulnerable al agua... Los dos cíclicos y complementarios, como la noche y el día, siempre naciendo con el amanecer y muriendo en el poniente; para renacer otra vez de sus cenizas con el alba.

Algo similar sucedería en otras épocas y latitudes, -y en otros “diluvios”-, en la China con el hombre amarillo y el sagrado cereal arroz y en Egipto con el hombre negro y la alimenticia cebada, o en Eurasia con el hombre blanco y el dorado trigo.


Desde entonces, en las tierras primigenias de KITO: ancestral país de los kindes o Tierra de la mitad, los hombres de maíz y las mujeres de quinua, se dedicaron a inventar nuevos alimentos para el bienestar de sus hijos. El fréjol lo desarrollaron los hombres del sur de los andes ecuatoriales, los abuelos de los paltas, bracamoros y zarzas; la quinua y el amaranto los andinos centrales, tíos abuelos de panzaleos y puruwayes, cuyos abuelos llegaron desde las lejanas costas de Caraquis, hasta la tierra de los míticos cóndores de nieve o Condorazos. La papa o batata la procrearon los cañaris, los hijos de la guacamaya y la serpiente, pero la aclimataron los pastos y killasingas, en la región más extrema del Chinchay Suyo, territorio sagrado de Chincha: la constelación del mono. Y, siguiendo después las direcciones de la Tawa sagrada, se dispersaron a los cuatro vientos.

Por su parte, los Caranquis, aportaron con infinitas variedades de maíz y deberían tener la patente de las palomitas de maíz o cereales voladores que comemos mientras vemos El Tigre y la Nieve, en el Cine Mark y en el austro, los Cañaris aportaron a la humanidad con el mote, que se transformó en mote pillo, - claro está-, gracias al huevo de gallo y de gallina que trajeron desde la Patria Madre, nuestros putativos padres

Por eso, al explorar nuestras numerosas identidades ecuatoriales, mucho mejor que en las “Señas particulares” que algún gurú despistado, pretende hallar en el fenómeno de “la hora ecuatoriana”; o, quizás en la planta del pie que nos ha hecho “plantillas” siguiendo ese profundísimo best seller de Oswaldo Hurtado: Las costumbres de los ecuatorianos
(ultimátum blog artículo de Manuel Espinoza Apolo), deberíamos empezar a buscar nuestras identidades en la natural cotidianeidad de nuestra vida diaria.

Ahora sabemos por estudios genéticos, que las tierras ecuatoriales fueron el horno en donde se amasaron al sol y la luna, los principales productos de una alimentación sana y de otros tantos regalos de la Allpamama, que luego se expandirían en las cuatros direcciones de Amaruka y después a todo el planeta GAIA y que salvarían del hambre, en plena revolución industrial, a los racionalistas y omnívoros del norte, quienes en principio destinaron el maíz y la papa como alimento para su ganado, pero que luego se vieron obligados a sobrevivir a sus propias guerras y desastres, comiendo papas fritas, “pop corn” y jarabe de COCA...



En estas fechas del equinoccio de invierno o COLLA RAYMY (proyecto quitsato página web), que para la cultura judeo-cristiana anuncia las fiestas de la Virgen de las Mercedes, la terrestre madre de aquel maestro solar llamado Cristo, -como lo fue Tunupa Wiracocha para los andinos, Quetzalcoatl para los mayas o Sidartha Gautama Buda, para los orientales-, bien vale recordar y empezar a valorar nuestras más antiguas tradiciones solares y lunares; empezar a sentirnos otra vez, hijos del maíz y seguramente hijos de la papa y de la quinua y del amaranto y de la mashua; para asistir como profetizó el tayta Atawallpa, (pasados quinientos años de oscuridad), al regreso de miles y miles de sabios amautas, de agricultores, de escribas o quipucamayoks, de poetas o arawikos, en fin de los miles de “astronautas” de la Nueva Pacha Ecuatorial, todo para iniciar el florecimiento de la humanidad en el “tiempo-espacio que vuelve”, en este Décimo Pacha-kutik, -que por cierto-, nada tiene que ver con ningún partido político o alianza país...

Por ello, nuestra página estará interesada en mirar a nuestras literaturas en el contexto amplio de la cultura de los pueblos ecuatoriales andinos, litorales, insulares y amazónicos ancestrales y, también por qué no de los contemporáneos; desde múltiples perspectivas y desde numerosas entradas, pero sobretodo desde una “cosmovisión” y no desde cualquier y maniquea “ideología” al uso y/o abuso del etno-centrismo judeo-cristiano.

***

Este medio aspira a dejarte mirar otra vez en el cielo, a las constelaciones del Puma, del Mono y de la Cruz del Sur como hace miles de años; a guiarnos con el reloj ecuatorial del grano sembrado y florecido de la tierra; a jugar en el caparazón de la verde tortuguita de Cerro Narrío o a desovillarnos en la espiral de un spondylus ancestral, para comprobar que como pueblo sol-lunar, sí que somos capaces de enterrarnos en el oscuro útero de Allpa Mama y de renacer al tercer día o al tercer mes, -eso poco importa-, con la utopía de saber que somos carne de barro, ojos de quinua, cuerpo de caña y manos de abierta mazorca...


Diego Velasco Andrade
Octubre, 3

Equinoccio de siembra, 2007