mercredi 17 septembre 2008

NUEVOS BLOGS EN LA RED




10/60/90 FIGURA IMPERFECTA 5



MARGARITA LASO (Quito, 1963)

Poeta y cantante de música ecuatoriana popular y de vanguardia. Colaboradora de revistas como Cultura
del Banco Central del Ecuador y Letras del Ecuador de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Varios de sus textos constan en algunas antologías editadas en el país. En la canción ha grabado más de siete discos;
Luna Desnuda, Villancicos y Canciones de Cuna, Más bueno que el pan, entre otros.

BIBLIOGRAFÍA

Verso: Erosonera (Quito, 1991); Queden en la lengua mis deseos (Quito, 1994); El trazo de las cobras (Quito, 1997). Consta en la antología: Poesía erótica de mujeres: Antología del Ecuador (Quito, 2001).


De Queden en la lengua mis deseos,


aunque la franja que te atraviesa el pecho
es negraserá blanco el esternón cuando te muerasno la flor de taraxaco y sus flechas de sol críono la piel de mirlo que tienes en los ojosno las venas en la mama de la mama que amamantano lengua de minero que come moras y mortiñosno el chasquido del coito en tus riñonesserá blanco el esternón será blanco
en cambio la aflicción que te devuelvo astillas de esternón que lastimaste
será negrano lágrima de lagartalecheno las mamas de la mama y su pezón de uvillasno el aliento de la loba en la cavidad de la neblinano el sable de la luna ni su bocano el chasquido del coito en tus riñonesserá una franja negra la aflicción será negra





I

y tus besos
como el órgano de la catedral
como sus tubos
largos
como el dejo de sus bajos
tus besos hondos
graves como la octava de pedales
cuyas lentas vibraciones son las últimas que escucha
el oído humano

fértiles como el teclado de tierra
y la resonancia de sus pesados temblores





EL TRAZO DE LAS COBRAS

South St. Seaport, N.Y.

Al fondo una vieja ciudad sorbe los seres que mueren. Sobre las torres, ámbar cae y lame ventanas y antenas. Lejos de los puentes y las construcciones, en el horizonte, flota un dirigible. Carga oxígeno frío y humo, neblina oblicua, gas para ángeles y alturas. La densidad del aire es su envoltura al vuelo.

A la vista de barcos y botes, el dirigible, cometa con que juega el transatlántico. En su armadura hilos metálicos sujetan arcos de tafetán. Enorme lámpara china, cuando atardece, luciérnaga, el dirigible.

Magia en los ojos y agujas ¿por qué no estás?
La ráfaga helada endura mis pezones.

El dirigible pende del verano que muere y se aleja fatigado. Al muelle no llegan los mensajes que traslada pero mi corazón de gas pesa y cavila como el suyo:

es lento mas no desconfiado acaso pasea

Contemplo el muelle, mar y madera. El agua chacotea y charla.
No refleja la quietud del puerto.

Y las embarcaciones, cuerdas y lonas enroscadas, se dejan mecer libres en las múltiples hamacas azulámbulas.
No reflejan la quietud de este costillar.

En el puerto he dejado la parte de mi sombra que contuvo luz.
No tengo yemas. No tengo dónde remojar el horizonte que tu amor me regala, con qué palpar el astro que crepita y se oculta. Apenas sé condenar la quemadura que fija en mi retina.

Este es un puerto enorme éste es mi corazón que viaja.

Desde el andén no he visto pájaros ni me he quejado. Los que habitan este espacio pescan -como yo- solo la vista de los puentes.
Y helos ahí: albatros de acero que sujetan con cables la isla de Manhattan.
Pero nada vuela.
Solo el dirigible.
Inflamable corazón que se va.

10/60/90 FIGURA IMPERFECTA 4

10 POETAS ECUATORIANOS DE LOS 90
NACIDOS EN LOS 60s


Marcelo Arteaga, (Atuntaqui, 1962)
Licenciatura en Artes Escénicas por la Universidad Central del Ecuador. Estuvo doce años en Europa (Zürich, Roma, Atenas) y cinco en Asia, (Bali, Bangkok), donde trabajó para periódicos y revistas alternativas. En la actualidad vive en Otavalo y se desempeña como traductor independiente.

Libros: El Armador de Relojes (1995), Amores estériles (2004), Viajes (2005), Líneas de Fuego (2006)



De El Armador de Relojes, 1995


EL CIEGO


No tiene perro ni hija que le guíen.
Llega a la ciudad palpando las murallas
tras la fragancia del pan recién sacado del horno.
Todos allí le conocen: cantará el fragmento
de un poema a cambio del hambre;
pues él sabe que en el pan
y en el canto están los dioses.


LAS AVES, ACTO II


Cuando Aristófanes se dio cuenta
de que sus dioses eran demasiado ingenuos
como para tomarles en serio, empezó a escribir
cubriendo su rostro con una máscara,
a fin de que ellos no se fijen en él.

No buscó en los festivales su sitio de privilegio
junto a Sófocles, a Eurípides, o al mismo Esquilo,
tan venerado como Homero,
sino mas bien un banco simple junto a la plebe,
en esos días cuando los dioses
bajaban al mundo disfrazados de griegos.

Será por ello que en nuestros días,
al representar sus obras, los actores encontramos
una máscara -sonriente y mordaz-
abandonada en algún sitio del teatro;
la misma máscara que el sátiro
olvidó en sus andanzas por la tierra.



De: Amores Estériles


NOCIÓN


Cada uno tiene su noción del tiempo,
lo que consideramos definitivo
mantiene aún su principio de expansión,
igual que una estrella que no logra saltar al vacío
y está detenida en la infinidad de probabilidades;
lo que miramos a través de las ventanas
es un arquetipo en los ojos
evadiendo cada segundo el final:
el eje roto del tiempo.




LA MAGIA DEL POEMA


Mis malas noches con un libro en las manos
son las mismas del Dios,
convertido en agua o en bestia,
prisionero del laberinto.

La ciudad me entrega cada mañana
sus hijos primogénitos, las mujeres
en los dominios del placer
para calmar mi cólera
e ignora que mis ojos no duermen,
que la sangre en mis labios
renueva mi energía.

La magia del poema consiste
en liberar al centauro.

Y en ese empeño no hay nombres ni reloj.

vendredi 12 septembre 2008

NOVÍSIMA POESÍA ECUATORIANA



K-Oz y k-bezuhela

ANUNCIAN

PREMONICIÓN A LAS PUERTAS


Imagen: Pedro Herrera

ANTOLOGÍA DE POETAS ECUATORIANOS
(NACIDOS A PARTIR DE 1979)


Oswaldo Calisto Rivera
(CACHIBACHE)
(1979-2000
JUAN JOSÉ RODRIGUEZ
(Ambato, 1979)
CARLOS LUIS ORTIZ
(Alausí, 1979)
JUAN CARLOS ASTUDILLO
(Cuenca, 1979)
AUGUSTO RODRÍGUEZ
(Guayaquil, 1979)
CHRISTIAN ARTEAGA
(Quito, 1979)
ROCIO SORIA
(Quito, 1979)
JHOANNA LÓPEZ SANTOS
(Quito, 1979)
Ma. de los ÁNGELES MARTINEZ
(Cuenca, 1980)
DAVID GUZMÁN
(Quito, 1980)
ALEXIS CUZME
(Manta, 1980)
SANTIAGO VIZCAÍNO
(Quito, 1982)
MARCELO VILLA NAVARRETE
(Quito, 1982)
FERNANDO ESCOBAR PÁEZ
(Quito, 1982)
DINA BELLRHAM
(Milagro, 1984)
ANDREA SAMANIEGO
(Quito, 1985)
VICTOR VIMOS
(Riobamba, 1985)
CAROLINA PATIÑO
(Guayaquil, 1987-2007)


Estudio, recopilacióny selección
Freddy Ayala Plazarte*


Es indudable, que ya a las puertas del siglo XXI, la poesía sigue vigente y que, curiosamente, sean nuevos autores quienes estén dando mucho que hablar de ella, ante la paradoja de contemplar un mundo saturado de guerras, de enfermedades, de tecnología e insalubres imágenes, que parecen contrastar con las realidades internas de los ciudadanos. La historia ahora se va forjando desde el quehacer cotidiano de cada persona con respecto a su espacio social, justamente es ahí donde la poesía y el poeta toman fuerza y continúan en un camino inacabable e inquebrantable, para dislocar la realidad, para ingresar a supurar en otra realidad, que parece caracterizar a estos jóvenes escritores.

Conocer el tiempo en el que se vive, pero también valorar el tiempo antecesor de los hombres que dedicaron gran parte de su existencia a enriquecer la realidad mediante la escritura, es también parte de esta antología de una novísima generación de poetas. No vamos a nombrar grupos o autores, no recapitulemos generaciones que trascendieron el siglo anterior, las cuales constituyeron la proa de las manifestaciones estéticas y artísticas en el país actual : romanticismo, realismo social, decadencia y maldición modernista en los decapitados, vanguardismo (ruptura y novedad ante lo establecido), lo tradicional andino (paisajismo y montañas), tzantismo, hiperrealismo, son algunos de los términos que se han ido quedando como referentes, o como un registro de lo que hubo antes de nosotros. Mas, acaso no nos debemos también a estas tierras andino ecuatoriales, acaso no somos hijos del barro, aunque las calles, los edificios y el humo nos muestren nuevos rostros, nuestra esencia sigue ahí inamovible.



“Premonición a las puertas”, no se basa solamente en anti-convencionalismos que vienen manifestándose como parte de un gran malestar cultural contemporáneo ya sucedido en todas las grandes expresiones artísticas de cada época-, ahora recoge el discurso poético de un nuevo siglo, palabra fresca y lúcida, que busca trascender desde la misma tradición de la lírica ecuatoriana y explorar nuevas posibilidades de difusión en un mundo global.

“Premonición a las puertas”, testimonia la penumbra y la luz, alberga la posibilidad dispersa de cada autor, el camino no está dado definitivamente, está siempre por encontrarse; mas es un aviso, una corazonada, una voz, un eco a las pasadas y futuras generaciones: un golpe a las aldabas, un dado que cae entre las esquinas del entendimiento. “Premonición a las puertas”, surge como una propuesta de valorar a la gente creativa y joven en su momento de eclosión, sin esperar que pasen dos decenios para reconocerlos, es decir, surge para ubicar la obra en su contexto social, para confabular con diversas poéticas y tendencias hasta poderlas desenmarañar en medio de la caótica lente del mundo actual.


AUTOR

Freddy Ayala Plazarte (Latacunga, 1983)

Estudió Comunicación Social en la Universidad Central del Ecuador. Integrante de los talleres literarios de la C.C.E “Benjamín Carrión” coordinado por Diego Velasco Andrade. Miembro del grupo literario “la. Kbzuhela”, en cuyo colectivo ha publicado el poemario “ZARATANA” (Drugos de la Naranja Editorial, 2007). Consta en la selección poética “FRACTALES” editada recientemente por la Casa de la Cultura Ecuatoriana “Benjamín Carrión”, 2008. Tiene dos libros inéditos de poesía: Estatua de alabastro y Mi padre en las rieles de Sumpa. Colabora regularmente en investigación y edición de textos con ASIEDICIONES y K-Oz Editorial.

(Esta antología no sería posible sin la coordinación, apoyo y asesoría de
Diego Velasco Andrade y Pablo Yépez Maldonado)

Más en

http://lakbzuhela.blogspot.com/

http://grupobusetadepapel.blogspot.com/

http://ciudadhecatombe.blogspot.com/

http://elquirofano.blogspot.com/

DEMOLICIÓN EN MOVIMIENTO

11/9/2001



ATENTANDO O

DEMOLICIÓN ?

K-Oz no lo olvida en

el Espíritu del Tiempo

Zeitgeist


http://es.wikipedia.org/wiki/Zeitgeist

http://video.google.com/videoplay?docid=5547481422995115331

http://ultimatumkitu.blogspot.com/

lundi 8 septembre 2008

SERIE: HISTORIA DE LOS GRUPOS LITERARIOS EN ECUADOR

DE LA MODERNIDAD
Y LAS JAURIAS LITERARIAS
parte 2

Por Carlos Posso Cevallos

EN BUSCA DE LA RESPETABILIDAD

Parte del Taller de la CCE, coordinado por Miguel Donoso Pareja en el Quito de los 80s :En primera fila Margarita Lasso, Byron Rodríguez y Francisco Torres Dávila. Atrás: Gustavo Garzón, Pablo Salgado y Alfredo Noriega

...Lo dicho nos da pie para apuntar un par de ideas. Veamos. De dónde viene la nueva literatura de América Latina, se preguntaba Roberto Bolaño en uno de sus últimos escritos (“Sevilla me mata”)[1]. Como tratando de entender el temperamento de la literatura contemporánea del continente. La respuesta parece fluir inmediatamente, llegar a sus labios sin ningún contratiempo o pesar escrupuloso. Venimos –dice- de la clase media o de un proletariado más o menos asentado o de familias de narcotraficantes de segunda línea que ya no desean más balazos sino respetabilidad. La palabra clave –y el énfasis es notorio, como si el chileno se divirtiera dejando desnudos a sus colegas- es respetabilidad. En Latinoamérica, los escritores salen de la clase media baja o de las filas del proletariado y lo que desean, al final de la jornada, es un ligero barniz de respetabilidad. Es decir: los escritores ahora buscan el reconocimiento, pero no el reconocimiento de su pares sino el reconocimiento de lo que se suele llamar <>, los detentadores del poder, sea éste del signo que sea (a los jóvenes escritores les da lo mismo) y a través de éste el reconocimiento del público, es decir la venta de libros, que hace felices a las editoriales pero que aún hace más felices a los escritores (Es justo aclararlo, para el caso ecuatoriano, decir que los jóvenes escritores –por lo menos en su mayoría- se desprenden de familias proletarias resulta descabellado. Sólo reconozcamos en las palabras de Bolaño el envidiable y venenoso modo de acercarse a sus “congéneres”)







Partiendo de la deliciosa sorna y sabiduría de este portentoso muerto, es prudente aterrizar ahora sobre los pastizales de nuestra parroquiana vida literaria. Nuestros escritores, en su mayoría victoriosos creadores de provincia y de pequeños prados asfaltados llamados con pretensiones pubescentes ciudades, han pretendido, salvando honrosos casos, emular el macrocosmos literario, en una especie de granja de hormigas, un microcosmo donde se recrea con encantadora ingenuidad: pugnas, barullos, chismes, lisonjas gratuitas, espaldarazos, consignas seudo ideológicas, envidias profundas, vacas sagradas y vacas profanas y un sin número más de alegorías que al parecer hacen patria literaria. Lo que sin embargo no se logra divisar, por lo menos no desde una vigilancia un tanto vaga, es trabajo real, oficio literario sin pretensiones caballerescas o pirotécnicas. Por tanto, pese a todos los esfuerzos por hacer pasar una maqueta mal hecha por magnifica arquitectura, la literatura no abunda por estos rumbos (por lo menos, como todos lo deseamos), claro, es justo recalcarlo, salvando honrosas y evidentes excepciones.

Y es en esta imitación de papagayos que desde hace eones, o por lo menos desde hace unas pocas horas de literatura republicana, se ha gestado por estas latitudes el fenómeno de las jaurías literarias. Agrupaciones de oficiantes de la palabra, que unidos bajo un nombre, una definición ideológica, una firma comercial, o una afinidad de cuestionable procedencia, han levantado sus lastimeros aullidos en conjunto, para de esta manera encontrar la mirada compasiva de un público despistado.




Gran parte de los grupos literarios (que no siempre hacen literatura) se caracterizan por encontrar la manera de convertir el trabajo solitario de la escritura en una divertida y mancomunada empresa con aires sindicales. Se adscriben a una imagen colectiva, de manera que las voces menos agraciadas puedan quedar bien libradas en el concierto público, gracias a la participación de las voces más elegantes o sofisticadas, o al menos eso es lo que creen. Pueden parecer patrañas, pero no, una agrupación literaria además de los intereses estéticos o reflexivos que tenga (si los hubiere, y en el caso de que estos tengan algún tipo de trascendencia) tiene la misma razón de ser que cualquier reunión humana: espantar la soledad, buscar afinidades, amigos o pareja. Claro que la legitimación esta brindada por el carácter aureático que de por sí suscita la literatura, y más aún la celebérrima palabra “poesía”. (En última instancia, reconozco una salvedad, son pocos los casos, que de hecho han existido en Ecuador y en América Latina, donde se ha evidenciado propuestas artísticas y de pensamiento respetables planteadas desde movimientos o asociaciones de escribas)

Muchas agrupaciones de escritores son en está época, algo así como un grupo de rock, de super Stars, con la única diferencia de que pocos de los integrantes tiene talento para la música. Así disfrutan de todos los beneficios y la respetabilidad que brinda el glamour de las super estrellas. Y es que la motivación fundamental para encontrar dichas agrupaciones en la escena literaria, es la necesidad común que muestra cada miembro, que por lo general son jóvenes inéditos (cuando se trata de viejos, el caso se vuelve patético), de buscar los espacios que permitan que el oficio literario les genere respetabilidad social, traducido como reconocimiento y por tanto “felicidad”. Y la única manera de lograrlo (tratando de apresurar los procesos) a su entender, es dejar de aullar solos y juntarse con otros aulladores para montar una potente jauría, que los arrastre a todos hasta la gloria.





El inconveniente que suscita dicho fenómeno, que por el resto debería ser visto con ternura compasiva, es que dichos escritores anudados unos a otros, desperdician su talento en esfuerzos por acelerar los procesos, descuidando la única sutileza que demanda el oficio literario, que es sencillamente escribir, sin importar los resultados a posterior, teniendo
como único objetivo escribir cada vez de mejor manera.

Por lo que cada esfuerzo que sirva para estos fines –simplemente escribir, sin interés alguno por el alarde y la pirotecnia- es digno de consideración y de respeto silencioso. De lo contrario la carcajada de desprecio no debe ser reprimida.

Así, valga decirlo, no existe nada de especial o extraordinario en los poetas y en general, en los escritores, como lo creen los guardianes de las “capillas literarias” y ciertas pandillas de escritores (autodesignados grupos literarios), porque así como hay personas que se dedican a fabricar aviones o mujeres y de manera más común coches o jugadores de fútbol, hay quienes se dedican a crear versos. No hay nada de divino en los escritores ni en las condiciones que sustentan su trabajo.

Es decir, ni la “salud” ni la locura garantizan nada. No hay mejor o peor literatura en el hospicio o en la SADE, en un grupo literario o en una asociación de taxistas, no se escribe peor ni mejor desde la depresión, ni desde la cárcel, ni desde la desesperación, ni desde el lugar que uno quiera. Se escribe, se sueña, se come, se trabaja y se coge desde el deseo. Desde la relación que cada uno pueda establecer con su deseo.






Mi abuelo, ya con poca inocencia y años en el cuerpo, le decía a mi padre: “cuida a tus hijas de los escritores” –refiriéndose a mis amigos, que por ese entonces babeaban un par de rimas-. Mirándolo objetivamente, creo que tenía razón, y no necesariamente porque los escritores sean peligrosos –en cualquier sentido del término-, sino por su capacidad, en ocasiones, de reírse de la estupidez humana. Quizá, un espíritu de desenfado neuronal y un ansia tierna por escupir al mundo y dolerse de él asisten, a pesar de todo lo dicho y los peligros referidos, a gran parte de las nuevas “generaciones” de escritores en el Ecuador. No existe, creo, un afán por reducir cabezas o blasfemar en contra de un par carcamales del canon cultural. Entonces, para los jóvenes escritores el “trabajo” está, con grupos o sin grupos literarios, en fraguar una clara capacidad, como rezan los freudianos, para trasladarse del placer del órgano al placer de la representación, es decir, para abandonar el placer que provoca succionar un dedo o un pezón, a cambio del placer de representar al mundo y sus mezquindades.

Algunos, estamos gozando de este placer.

mercredi 3 septembre 2008

SERIE:HISTORIA DE LOS GRUPOS LITERARIOS EN ECUADOR



DE LA MODERNIDAD
Y LAS JAURIAS LITERARIAS
parte 1

Por CARLOS POSSO CEVALLOS*

Logotipo Revista Pucuna Movimiento Tzántzico en los 60s


Al llegar a los Estados Unidos Freud pronunció: “ellos no saben que les traigo la peste”, a sabiendas de que su obra golpeaba a todo el andamiaje de la institución social. La afirmación de Freud parece resonar, aunque, por lo pronto, como un murmullo en ciertas voces de los actuales grupos literarios del Ecuador.

Son pocos los que se han percatado de las enfermedades del mundo y más específicamente, de esa especie de fabricación social del individuo. De estos “males” nos intenta dar cuenta la teoría social contemporánea. Pero ha sido la literatura, quien ha propiciado el pensar y sentir, con una insistencia que bordea el morbo, de la condición del individuo psíquico y social. Sólo recordemos a los grandes escritores rusos que, además de indagar implacablemente el corazón del hombre ruso de su tiempo, nos han dejado la más admirable pintura de su sociedad Para bien y para mal, el escritor sin poses testimonia la realidad que ha sufrido y mamado. Y es de una realidad cincelada por los grandes objetivos de la Modernidad de la que se preocupa recurrentemente –queriéndolo o no- gran parte de la poesía y narrativa contemporánea llegada desde cuerpos literarios específicos. Quizá estas preocupaciones que bordean lo “no dicho”, que no figuran en los manifiestos dan cuenta, nuevamente, del porque de la formación de los grupos literarios de hoy.


Aunque claro, el cuestionamiento –desde la Literatura- de las representaciones socialmente instituidas, de lo que Bacon llamaba los idola tribus no es privativo de las generaciones recientes. Sin embargo, es evidente, también, que estamos asistiendo a una radicalización del proyecto moderno y eso, sin duda, es el pábulo para el nacimiento de múltiples “sensoriums” que responden a nuevos conflictos. No se trata simplemente del cacareado “descentramiento posmoderno”, sino de la posibilidad, aunque esquiva, de materializar la ruptura, como a puesto de manifiesto Castoriadis,
[1] del pensamiento con la funcionalidad, es decir la posibilidad de individuos para los cuales sea psíquicamente posible poner en cuestión tanto los fundamentos del orden social como los de su propio pensamiento, es decir de su propia identidad. Nos encontramos entonces, o es lo que esperamos, con espacios literarios que han encontrado nuevas pistas que ya no se asientan únicamente en el ponderado compromiso de la Literatura con lo social.

Logotipo Taller La Pequena Lulupa en los 80s

Y esta no es más que una de las máscaras – en el sentido que Goffman le asigna al término- que nos asiste. Sin héroes y apeándose de los pedestales determinadas voces de los así llamados grupos literarios humorizan, por momentos, sobre una lógica prometeica de la vida que ha situado al éxito y el progreso como la receta para una existencia plena y justificada. Y es que, en este régimen de temporalidad implantado, como ha evidenciado Sombart , no hay cabida para la ociosidad, para la holganza, puesto que incluso éstas son objeto de una reprobación en términos morales. Por expresarlo al modo de Foucault, la racionalidad política moderna ha construido un modo de objetivación del sujeto acorde a los trazos por ella diseñados.
La directriz histórica alentada por la modernidad provoca, diciéndolo en terminología habermasiana, un desaclopamiento de sistema y mundo de la vida que induce agudas patologías sociales en la escena cotidiana. De manera sintética, conduce a una absoluta objetivación de la persona, a una mercantilización que coloniza las subjetividades sociales. Lukács, influenciado por Weber, había conceptualizado este fenómeno bajo la conocida catalogación de cosificación. A su juicio, la racionalización que acompaña al desarrollo de la modernidad genera una completa desfiguración de la persona.

Portada de revista del colectivo La Pedrada Zurda , activo desde los 70s

En efecto, la modernidad puede ejercer un régimen coactivo sobre el individuo, pero, sin embargo, difícilmente puede constreñir el ámbito de la imaginación. El ser humano levanta, así, una trascendencia de su realidad, una transfiguración fantasiosa del mundo que constituye un espontáneo exorcismo de su cotidianidad. De alguna manera, tras este deseo de alteridad se esconde un ansia por eternizarse en lo proxémico. Pero, al mismo tiempo, hay un intento de recuperación de la infancia, del aspecto onírico de la existencia que es abortado en el mundo moderno, pero que, sin embargo, pervive siempre en estado latente. Bachelard, cuando se refiere a lo imaginario, habla de una infancia que supervive en todos los hombres, de la evocación que se encarna en la libertad de la poesía. De esta libertad, de este intento tierno por enfrentarse con el mundo nos percatamos en ocasiones, pero sólo en ciertos casos, cundo registramos la condición de los grupos literarios.



Logotipo de la revista y Taller La Mosca Zumba en los 80s


Sin embargo, los peligros son muchos y están latentes en esas mismas asociaciones de literatos. La reflexión y el análisis serio parecen escasear. No es difícil, por ejemplo, encontrarnos con manifiestos panfletarios y cursis que proclaman a la literatura “como el último territorio que nos queda en este mundo de alienaciones”, lo cual demuestra que la estupidez es un atributo intergeneracional. Pero lo más difícil de entender es que, mientras por un lado se despotrica en contra del canon y se alardea con retirar a la literatura –y en general a las artes- del pedestal en el que se encuentra, por otro lado, se sigue asumiendo al escriba como un ser especial, dotado de ciertas condiciones y sensibilidades que lo ubican por sobre el promedio humano. Se sigue pensando en la cultura como una agenda compuesta por lanzamiento de libros, recitales, conciertos de cámara, cóctel de zafios e ilustrados de última hora, en fin.

Logotipo del Taller matapiOjO en el Quito de los los 80s


De ahí que me parezca pretensioso y pedante estas dos palabras: “grupos literarios”. Sería más interesante pensar en espacios abiertos, con un horizonte amplio de lo que significa la cultura o culturas, donde se asuma a ésta como un “conjunto de fenómenos que contribuyen, mediante la representación o reelaboración simbólica de las estructuras materiales a comprender, reproducir o transformar el sistema social” (Canclini).

Notas

[1] Castoriadis Cornelius, “Ontología de la Creación”, Ensayo Error, Bogotá, 1997, págs. 204-205
2 Algunas ideas que en los siguientes párrafos se proponen sobre los grupos literarios han tomado cuerpo gracias a la intervención (textos y entusiastas pláticas) de mi amigo y escritor Alexis Zaldumbide.


Carlos Posso Cevallos. Ibarra, 1981. Es egresado de Comunicación Social en la Universidad Central del Ecuador y ha hecho estudios de cine en Argentina. Integró los Talleres Literarios de la CCE y ha publicado cuentos en su selección narrativa LUZ LATERAL. Este texto fue presentando en el primer encuentro de grupos y talleres literarios Alfonso Chávez Jara, en Riobamba.