mercredi 21 mars 2012

22 de marzo: SOMOS AGUA INUNDAREMOS QUITO EN ESTE PAWKAR RAYMI



Para los andino ecuatoriales, el discurrir del tiempo cíclico era sagrado y a nivel solar, cuatro eventos astronómicos constituían su referente para establecer las cuatro markas significativas de su calendario ritual y agrícola: los dos solsticios (el de junio y diciembre) y los dos equinoccios (el de marzo y de septiembre).

Bien sabían, que a partir de que la madre Tierra Allpa Mama, no se yergue vertical en su vuelo sobre su propio eje (rotación) y alrededor del sol (traslación), la gran clave de la biodiversidad y de la existencia de climas y zonas tórridas y frías, era la inclinación de su eje axial o eclíptica y de sus movimientos pendulares alrededor de su eje (precesión) para posibilitar un equilibrio entre todas las zonas de la tierra en el tiempo/espacio Pacha y por lo tanto en la distribución de las grandes épocas anuales ; así como también en las grandes eras de mil ciclos (Intis) o de quinientos ( Pacha Kutiks) que establecían justicia cosmogónica a las “razas”: amarilla, blanca, negra y roja.

En los equinoccios, en estas “tierras del Ki” o del centro del planeta tierra To, el sol sale hacia el Este exactamente y cae perpendicular sobre los templos cilíndricos que desde hace siglos tenían la misión que guardar el fuego nuevo solar e iniciar el ciclo anual, especialmente en marzo Mushuc Nina. En el equinoccio de septiembre la fiesta era más bien lunar, femenina y de agua.

Pero en los solsticios, a causa de la inclinación del eje de la Allpa Mama, el sol sale en su orientación extrema en el norte (Trópico de Cáncer) y asume una dirección al despuntar el alba Nor este- Sur Oeste, iniciando así la época seca y de verano para el Ecuador y en el hemisferio norte; he ahí la significación sagrada de esta dirección y época en donde las mismas plantas se orientan reverentes hacia el padre Sol en su viaje y se inician las fiestas y rituales del tiempo de calor, fuego y vientos.

A causa de la órbita de la Tierra alrededor del Sol que no es circular sino elipsoidal, esta época es también aquella en que la el sol se aleja más de la Allpa Mama (aphelio) y es por eso que hay que rogar al sol que no se vaya y vuelva pronto a estar más cerca nuestro (perihelio); por eso había que hacer las invocaciones y rituales de « amarrar al sol » en las piedras de poder o Inti Watanas.

Es entonces como ahora en Catequilla y en otros sitios sagrados de estas tierras de la mitad como Shungo Loma (El Panecillo), Rumicuchu, Pirámides de Cochasquí, Itchimbía, Guanwiltawa, Pambamarka, Puntiachil, etc. etc. se comienzan nuevamente a celebrar los ritos de inicio del año andino en el equinoccio de marzo, que corresponden en el hemisferio norte al cambio de estación primaveral y a nuestro PAWCAR RAYMI o fiesta florida equinoccial, a la del PUNLLA TUTA o fiesta del sol recto, al MUSHUK NINA o fiesta del fuego nuevo; no a la fiesta de los látigos y de los ritos sangrantes y masoquistas, a “la tragedia” de los cucuruchos judeo-cristianos.



En ese contexto se vuelve a actualizar y re-signifcar la cosmología andina ecuatorial primordial, las fiestas y rituales de los solsticios y equinoccios, cada vez buscando recuperar nuestros ritos y ceremonias solares y lunares ancestrales y se comienzan a tejer y deshilar antiguos y nuevos relatos, mitos y leyendas de las ancestrales Tierras del Qui, búsqueda que constituye también la constatación de la mixtura y el palimpsesto que actualmente somos; el resultado de aquel feroz encuentro entre los hijos del sol recto con aquellos de la barbarie castellana occidental de aquella época; encuentro después del cual -queramos o no aceptarlo- quedaron definitivamente impresas en nuestros genes y en nuestra sangre nuestras identidades andina, amazónica y pacífico ecuatoriales, las mismas que en una sabia y paciente espera renacieron y fructificaron desde las cenizas de nuestros abuelos, para ahora retornar con la fiereza y la rudeza del torrente y de la cascada.

Es en este Ecuador Continental nuestro, tangible y actual religado con aquel Ecuador Ultramarino allende el océano que han ido constituyendo nuestros compatriotas, como podremos construir un nuevo mundo de acogida para los nuevos hombres rojos, amarillos, blancos y negros del planeta que deseen venir a crecer en pacífica, diversa y fructífera convivencia y, es precisamente la búsqueda de este sendero nos invita a seguir caminando, siempre buscando en nuestro sol ecuatorial la “unidiversidad”, la dualidad y la complementariedad de nuevos y deslumbrantes “caminos del arco iris”.




MOVIMIENTO SUMAK alter-nativo
CAMINANTES DEL ARCOIRIS
GUARDIANES DEL KITU MILENARIO

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