jeudi 14 mai 2009

NUEVAS NARRADORAS ECUATORIANAS 4


ANDREA ACUÑA CEVILLANO
(Quito 1985)

Estudiante de Canto Lírico en el Conservatorio Superior Nacional de Música
y estudiante de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Central del Ecuador.
Directora de la Organización Cultural: L
etheo Producciones.
Vocalista de la Banda de Música Gótica Escarlathia.
Sus cuentos y poesías han sido publicados en la Revista
Historias del Lado Oculto.
Integrante de los Talleres de Literatura
de la Casa de la Cultura ecuatoriana

TAYOS

Imagen Pedro Herrera

Es un lugar imperceptible. A veces se me presenta difuso, incongruente, pero al mismo tiempo un espejismo fantástico. Desde sus piedras verdosas, una voz melancólica me habla, sus palabras son como finos acordes de un vals, la sinfonía del destierro que me remonta al hogar efímero;

las tinieblas.

La invariabilidad de este mundo jamás me exige respuestas; sin embargo, sé que ahora la ficción ha abierto su umbral y el paradigma de esta realidad me cuestiona profusamente. No quiero escuchar sentencias, me niego a creer en una realidad sostenida por la fe de unos cuantos,
la esperanza de los caídos en la nieve.

Desde lo alto e infinito, el agua de la cascada besa la espalda desnuda hasta caer sobre los pies blancos de esta silueta errante, perdida en una milésima de segundo, más poderosa que las letras y el lenguaje con su códice mudo.

Una tras otra, las huellas acuáticas van desplegando su belleza en aquel paraje lleno de olores mágicos, sabor a musgo de la mañana, perfume de tierra al anochecer, alma recogida en su delirio, cadáver que de ningún modo renacerá.

Estoy sola, la ausencia del eco de mi respiración puede comprobarlo, abandonada entre guijarros de alegría, la única salida que puede salvarme se desvanece en la entrada de la almohada de mi sueño lóbrego y decadente.

¡Quiero despertar! Ya no logro comprender la luminosidad de estas paredes que parecen envolverlo todo en su profundidad. Siempre he temido a la luz, en ella todo transgrede de una forma viscosa, tiemblo al pensar que puedo ser la siguiente víctima en su paredón
de mentiras y agujeros.

Graznidos disímiles suplican desde algún reflejo de la nada. Se consumen, nos devoran, piden clemencia, rigen mi sombra etérea en este laberinto de coros, inframundo de los antepasados. Seres olvidados por el tiempo y la miseria. Debo encontrar la penumbra y afirmar el origen
de este deambular a ciegas.

La sensación de inseguridad abandonará mi cuerpo, las formas agazapadas de mi infancia me mirarán con sus pequeños ojos llenos de fluorescencia. He atendido la llamada del espíritu que brota desde las entrañas de la tierra y mi alma; soy una de ellos, vuelvo a casa...

Vengo a recuperar mis alas y volar libremente en este mundo ilógico,
la majestuosidad de los Tayos…
mi endeble oscuridad.

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