mercredi 17 septembre 2008

10/60/90 FIGURA IMPERFECTA 5



MARGARITA LASO (Quito, 1963)

Poeta y cantante de música ecuatoriana popular y de vanguardia. Colaboradora de revistas como Cultura
del Banco Central del Ecuador y Letras del Ecuador de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Varios de sus textos constan en algunas antologías editadas en el país. En la canción ha grabado más de siete discos;
Luna Desnuda, Villancicos y Canciones de Cuna, Más bueno que el pan, entre otros.

BIBLIOGRAFÍA

Verso: Erosonera (Quito, 1991); Queden en la lengua mis deseos (Quito, 1994); El trazo de las cobras (Quito, 1997). Consta en la antología: Poesía erótica de mujeres: Antología del Ecuador (Quito, 2001).


De Queden en la lengua mis deseos,


aunque la franja que te atraviesa el pecho
es negraserá blanco el esternón cuando te muerasno la flor de taraxaco y sus flechas de sol críono la piel de mirlo que tienes en los ojosno las venas en la mama de la mama que amamantano lengua de minero que come moras y mortiñosno el chasquido del coito en tus riñonesserá blanco el esternón será blanco
en cambio la aflicción que te devuelvo astillas de esternón que lastimaste
será negrano lágrima de lagartalecheno las mamas de la mama y su pezón de uvillasno el aliento de la loba en la cavidad de la neblinano el sable de la luna ni su bocano el chasquido del coito en tus riñonesserá una franja negra la aflicción será negra





I

y tus besos
como el órgano de la catedral
como sus tubos
largos
como el dejo de sus bajos
tus besos hondos
graves como la octava de pedales
cuyas lentas vibraciones son las últimas que escucha
el oído humano

fértiles como el teclado de tierra
y la resonancia de sus pesados temblores





EL TRAZO DE LAS COBRAS

South St. Seaport, N.Y.

Al fondo una vieja ciudad sorbe los seres que mueren. Sobre las torres, ámbar cae y lame ventanas y antenas. Lejos de los puentes y las construcciones, en el horizonte, flota un dirigible. Carga oxígeno frío y humo, neblina oblicua, gas para ángeles y alturas. La densidad del aire es su envoltura al vuelo.

A la vista de barcos y botes, el dirigible, cometa con que juega el transatlántico. En su armadura hilos metálicos sujetan arcos de tafetán. Enorme lámpara china, cuando atardece, luciérnaga, el dirigible.

Magia en los ojos y agujas ¿por qué no estás?
La ráfaga helada endura mis pezones.

El dirigible pende del verano que muere y se aleja fatigado. Al muelle no llegan los mensajes que traslada pero mi corazón de gas pesa y cavila como el suyo:

es lento mas no desconfiado acaso pasea

Contemplo el muelle, mar y madera. El agua chacotea y charla.
No refleja la quietud del puerto.

Y las embarcaciones, cuerdas y lonas enroscadas, se dejan mecer libres en las múltiples hamacas azulámbulas.
No reflejan la quietud de este costillar.

En el puerto he dejado la parte de mi sombra que contuvo luz.
No tengo yemas. No tengo dónde remojar el horizonte que tu amor me regala, con qué palpar el astro que crepita y se oculta. Apenas sé condenar la quemadura que fija en mi retina.

Este es un puerto enorme éste es mi corazón que viaja.

Desde el andén no he visto pájaros ni me he quejado. Los que habitan este espacio pescan -como yo- solo la vista de los puentes.
Y helos ahí: albatros de acero que sujetan con cables la isla de Manhattan.
Pero nada vuela.
Solo el dirigible.
Inflamable corazón que se va.

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